La fisura anal, conocida popularmente como grieta o desgarro en el ano, es una pequeña rotura que se produce en la superficie interna del canal anal. El dolor agudo que aparece durante la defecación y la sensación de ardor que persiste después son sus síntomas más típicos.
La fisura anal es una enfermedad anal muy frecuente. El estreñimiento, las heces duras y el esfuerzo excesivo al defecar se encuentran entre sus causas más importantes. En su fase inicial puede curarse con el tratamiento adecuado, mientras que las fisuras anales crónicas de larga evolución pueden requerir otros métodos de tratamiento.
La causa más frecuente de la fisura anal es el traumatismo que se produce en la zona durante el paso de heces duras y voluminosas por el canal anal.
Entre las situaciones que pueden contribuir al desarrollo de una fisura anal se encuentran:
Estreñimiento
Heces duras
Esfuerzo excesivo al defecar
Diarrea prolongada
Traumatismo en el período posparto
Irregularidades en el hábito intestinal
Una vez formada la fisura, el dolor que aparece durante la defecación puede provocar una contracción refleja de los músculos de la región anal. Esta contracción puede reducir el flujo sanguíneo de la zona y dificultar la cicatrización de la herida. Así puede establecerse un círculo de dolor–espasmo–dificultad de cicatrización.
El síntoma más característico de la fisura anal es el dolor anal intenso durante la defecación. Los pacientes suelen describir el dolor como agudo, punzante o cortante. El dolor puede persistir un tiempo después de terminar la defecación.
Otros síntomas de la fisura anal son:
Dolor anal durante la defecación
Ardor o dolor que persiste tras la defecación
Sangre roja brillante en el papel higiénico
Pequeña cantidad de sangre sobre las heces
Sensibilidad alrededor del ano
Posponer la defecación por miedo al dolor
Posponer la defecación por el dolor puede agravar el estreñimiento y dificultar aún más la curación de la fisura anal.
No. La fisura anal y las hemorroides son enfermedades diferentes.
Mientras que las hemorroides están relacionadas con la dilatación de las estructuras vasculares de la región anal y las molestias derivadas de ella, la fisura anal es un desgarro en la superficie del canal anal.
Dado que en ambas situaciones pueden aparecer sangrado y dolor anales, los pacientes pueden confundirlas. Por ello, ante dolor o sangrado en la región anal, es importante la evaluación por un especialista en cirugía general para determinar la causa de las molestias.
Las fisuras anales de reciente aparición se consideran fisuras anales agudas. En esta fase, la regulación del hábito intestinal y el tratamiento médico adecuado pueden lograr la curación.
Las fisuras que persisten durante mucho tiempo y no cicatrizan pueden convertirse en fisuras anales crónicas. En la fisura crónica pueden desarrollarse cambios estructurales alrededor de la herida y una contracción continua de los músculos anales. En este caso, corregir únicamente el estreñimiento puede no ser suficiente y pueden necesitarse tratamientos adicionales.
En la mayoría de los pacientes, el diagnóstico de la fisura anal puede establecerse mediante la valoración de las molestias y la exploración de la región anal.
El objetivo de la exploración no es únicamente visualizar la fisura. También es necesario realizar el diagnóstico diferencial de otras enfermedades anorrectales que pueden producir síntomas similares, como las hemorroides, el absceso anal o la fístula anal.
En particular, en las fisuras recurrentes, las localizadas en zonas atípicas o las que no responden a los tratamientos estándar, puede ser necesario investigar otras enfermedades subyacentes.
El tratamiento de la fisura anal se planifica según si es aguda o crónica, la duración de las molestias y los hallazgos de la exploración.
Uno de los objetivos fundamentales del tratamiento es conseguir que las heces sean blandas y regulares. Con este fin pueden recomendarse una hidratación suficiente, una alimentación rica en fibra y, cuando sea necesario, tratamientos reguladores del tránsito intestinal.
Los baños de asiento con agua templada pueden ayudar en algunos pacientes a reducir las molestias y el espasmo muscular de la región anal.
Además, el médico puede indicar tratamientos locales destinados a reducir el espasmo del músculo anal y favorecer la cicatrización de la fisura.
En algunas fisuras anales que no cicatrizan a pesar del tratamiento médico, la aplicación de toxina botulínica (Botox) puede ser una opción terapéutica.
El objetivo de la aplicación de Botox es lograr la relajación temporal del músculo que rodea el canal anal. Al reducirse el espasmo muscular, se busca favorecer la circulación sanguínea de la zona y el proceso de cicatrización de la fisura.
Sin embargo, no todos los pacientes con fisura anal son candidatos al tratamiento con Botox. La elección del tratamiento debe basarse en los hallazgos de la exploración del paciente.
En las fisuras anales de larga evolución, cronificadas y que no cicatrizan a pesar de los tratamientos médicos adecuados, puede plantearse el tratamiento quirúrgico.
Uno de los métodos quirúrgicos más utilizados es la esfinterotomía lateral interna. En esta operación se busca relajar una parte determinada del músculo interno que rodea el canal anal. De este modo se pretende reducir la presión elevada y el espasmo del canal anal, y favorecer la cicatrización de la fisura.
La necesidad de tratamiento quirúrgico y la elección de la técnica deben individualizarse. En particular, deben valorarse la función del esfínter anal y los factores de riesgo personales del paciente.
Algunas fisuras anales de reciente aparición pueden curarse con la corrección del estreñimiento, el ablandamiento de las heces y los tratamientos de apoyo adecuados. Sin embargo, si las molestias persisten durante mucho tiempo, la fisura puede cronificarse.
Por ello, se recomienda una exploración especialmente si hay dolor intenso durante la defecación, sangrado anal recurrente o dolor anal de larga evolución.
La fisura anal puede reaparecer después del tratamiento. La persistencia del estreñimiento, las heces duras y el esfuerzo excesivo pueden aumentar el riesgo de recidiva.
Por ello, una parte importante del tratamiento es mantener a largo plazo un hábito de defecación regular y cómodo.
El dolor o el sangrado anal no siempre significan fisura anal.
En particular, si existen:
Dolor anal intenso o recurrente,
Dolor continuo durante la defecación,
Sangrado anal,
Bulto o secreción alrededor del ano,
Molestias que no mejoran desde hace tiempo,
es conveniente la evaluación por un especialista en cirugía general.
La fisura anal es una enfermedad que, con un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado a su fase, puede controlarse con éxito en la mayoría de los pacientes.
La fisura anal es una pequeña rotura en la superficie interna del canal anal, conocida popularmente como grieta en el ano.
La causa más frecuente es el estreñimiento y las heces duras. El esfuerzo excesivo, la diarrea prolongada y los traumatismos locales también pueden contribuir a su aparición.
El síntoma más típico es el dolor anal agudo que comienza durante la defecación y el ardor o dolor que puede persistir después.
Sí. Suele observarse una pequeña cantidad de sangre roja brillante en el papel higiénico o sobre la superficie de las heces. No obstante, dado que el sangrado anal puede tener otras causas, los sangrados repetidos deben ser evaluados.
Especialmente en las fisuras anales agudas, la curación sin cirugía es posible mediante la regulación del hábito intestinal y el tratamiento médico adecuado.
En los pacientes adecuados, la aplicación de toxina botulínica puede utilizarse para reducir temporalmente el espasmo del músculo anal.
Uno de los métodos aplicables en las fisuras crónicas y resistentes al tratamiento es la esfinterotomía lateral interna. La decisión quirúrgica debe basarse en los hallazgos de la exploración y los factores de riesgo del paciente.
Los síntomas pueden parecerse en ocasiones. La distinción definitiva se realiza mediante la exploración.
