Las enfermedades de la tiroides son muy frecuentes en la población y pueden afectar al funcionamiento o a la estructura de la glándula tiroides. Los nódulos tiroideos, el bocio, el hipertiroidismo, la enfermedad de Graves y el cáncer de tiroides se encuentran entre las principales.
La mayoría de las enfermedades de la tiroides no requieren cirugía. Sin embargo, ante la sospecha de cáncer en un nódulo tiroideo, un cáncer de tiroides confirmado, un bocio grande, síntomas de compresión o determinados casos de hipertiroidismo, puede plantearse la cirugía de tiroides.
El objetivo de la cirugía de tiroides es extirpar adecuadamente el tejido tiroideo enfermo, preservando especialmente los nervios que controlan las cuerdas vocales y las glándulas paratiroides.
La glándula tiroides es un órgano con forma de mariposa situado en la parte anterior del cuello, delante de la tráquea.
Las hormonas que produce influyen en numerosos procesos fisiológicos, entre ellos el metabolismo, la frecuencia cardíaca, la temperatura corporal y el uso de energía.
Cuando la tiroides produce más hormonas de lo normal se habla de hipertiroidismo, y cuando produce menos, de hipotiroidismo. El aumento de tamaño de la tiroides se denomina, en general, bocio.
Las enfermedades de la tiroides abarcan un grupo muy amplio. Desde el punto de vista de la cirugía general, las más relevantes son:
Nódulos tiroideos
Bocio multinodular
Enfermedad de Graves
Bocio nodular tóxico
Cánceres de tiroides
Bocios grandes o que producen compresión
Según el tipo de enfermedad, puede optarse únicamente por el seguimiento, el tratamiento con medicación, el tratamiento con yodo radiactivo o el tratamiento quirúrgico.
Un nódulo tiroideo es una formación que aparece dentro de la glándula tiroides y que presenta características diferentes al resto del tejido de la glándula.
Los nódulos tiroideos son muy frecuentes y, en su mayoría, benignos. Por ello, la detección de un nódulo en la tiroides no significa directamente cáncer.
Sin embargo, dado que algunos nódulos pueden conllevar riesgo de cáncer de tiroides, deben valorarse sus características ecográficas y, cuando sea necesario, los resultados de la biopsia.
Una parte importante de los nódulos tiroideos no produce ninguna molestia y se detecta de forma casual en una ecografía realizada por otro motivo.
En los nódulos más grandes o en presencia de bocio pueden aparecer:
Hinchazón en el cuello,
Sensación de presión en el cuello,
Dificultad para tragar,
Dificultad para respirar,
Cambios en la voz.
Si el nódulo tiroideo produce hormonas, pueden aparecer síntomas de hipertiroidismo como palpitaciones, sudoración, pérdida de peso y temblor en las manos.
No. La mayoría de los nódulos tiroideos no son cáncer.
Sin embargo, es importante determinar qué nódulos deben investigarse en relación con el cáncer.
En la ecografía de tiroides se valoran, además del tamaño del nódulo, su estructura, sus bordes, las características de calcificación y otros hallazgos ecográficos. En los nódulos que lo requieran puede realizarse una biopsia por aspiración con aguja fina (BAAF).
La biopsia por aspiración con aguja fina de tiroides es un procedimiento en el que se obtiene una muestra de células del nódulo mediante una aguja fina. Generalmente se realiza bajo control ecográfico.
La muestra obtenida es analizada por un especialista en anatomía patológica, y los resultados suelen clasificarse según el sistema de Bethesda.
Además del resultado de la biopsia, se valoran conjuntamente las características ecográficas del nódulo, su tamaño, la historia clínica del paciente y otros hallazgos, para decidir entre el seguimiento o el tratamiento.
El bocio es el aumento de tamaño de la glándula tiroides por encima de lo normal.
Puede afectar a toda la glándula o presentar numerosos nódulos en su interior, situación que se denomina bocio multinodular.
El bocio no siempre requiere cirugía. Sin embargo, cuando el crecimiento importante de la tiroides comprime la tráquea o el esófago, produce una hinchazón evidente en el cuello, existen nódulos sospechosos o hay exceso de producción hormonal, puede valorarse el tratamiento quirúrgico.
La enfermedad de Graves es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario afecta a la glándula tiroides y provoca una producción excesiva de hormona tiroidea.
Según las características de cada paciente, el tratamiento puede consistir en medicación, yodo radiactivo o cirugía.
Ante un bocio grande, síntomas de compresión, nódulos sospechosos o determinadas situaciones clínicas particulares, puede optarse por la cirugía de tiroides en la enfermedad de Graves.
El cáncer de tiroides es el nombre general de los tumores malignos que se desarrollan a partir de las células de la glándula tiroides.
Existen diferentes tipos de cáncer de tiroides. El más frecuente es el carcinoma papilar de tiroides.
Otros tipos principales son:
Carcinoma folicular de tiroides
Carcinoma medular de tiroides
Carcinoma anaplásico de tiroides
Estos tipos de cáncer difieren en su comportamiento biológico y en su tratamiento. En particular, en una parte importante de los carcinomas papilares de tiroides pueden obtenerse buenos resultados con el tratamiento adecuado.
El cáncer de tiroides puede no producir ningún síntoma en su fase inicial. Uno de los hallazgos más frecuentes es un nódulo detectado en la tiroides o en el cuello.
En algunos pacientes pueden aparecer:
Una masa creciente en el cuello,
Aumento de tamaño de los ganglios linfáticos del cuello,
Cambios en la voz,
Dificultad para tragar,
Sensación de presión en el cuello.
La presencia de estos síntomas no significa por sí sola cáncer de tiroides, pero requiere evaluación.
No todos los nódulos tiroideos requieren cirugía.
La cirugía de tiroides puede plantearse especialmente en las siguientes situaciones:
Diagnóstico de cáncer de tiroides,
Sospecha de cáncer en la biopsia,
Síntomas de compresión por un nódulo grande o un bocio,
Determinados nódulos grandes o en crecimiento,
Ciertos casos de nódulo tóxico e hipertiroidismo,
Preferencia por el tratamiento quirúrgico en la enfermedad de Graves,
Otras razones clínicas específicas del paciente.
La decisión quirúrgica no se basa únicamente en el tamaño del nódulo. Se valoran conjuntamente la ecografía, el resultado de la biopsia, la función tiroidea y las características clínicas del paciente.
La cirugía de tiroides es una intervención que se realiza bajo anestesia general. Se accede a la glándula tiroides a través de una incisión en la parte anterior-inferior del cuello.
Según el tipo de enfermedad, puede extirparse un lóbulo de la tiroides o la glándula completa. La extirpación de un lado de la tiroides se denomina lobectomía, y la de toda la glándula, tiroidectomía total.
La operación adecuada se decide según el tipo y la extensión de la enfermedad.
No en todas las cirugías de tiroides es necesario extirpar toda la glándula.
En algunos nódulos unilaterales o en ciertos tumores tiroideos con las características adecuadas, puede ser suficiente extirpar solo un lóbulo de la tiroides. En el bocio multinodular, la enfermedad de Graves o algunos cánceres de tiroides, puede preferirse la tiroidectomía total.
Por ello, el alcance de la operación se determina de forma individualizada.
No en toda cirugía de cáncer de tiroides es necesario extirpar los ganglios linfáticos del cuello.
Según el tipo y la extensión del cáncer de tiroides y el estado de los ganglios linfáticos del cuello, puede realizarse una disección de los ganglios linfáticos cervicales en los pacientes que lo requieran.
La ecografía previa a la cirugía es especialmente importante en este sentido.
Como toda intervención quirúrgica, la cirugía de tiroides también conlleva ciertos riesgos.
Entre los riesgos importantes específicos de la cirugía de tiroides se encuentran:
Hemorragia,
Cambios en la voz por afectación de los nervios que controlan las cuerdas vocales,
Calcio bajo por afectación de las glándulas paratiroides,
Infección.
El nivel de riesgo puede variar según la extensión de la operación, las características de la enfermedad y factores propios del paciente.
Junto a la glándula tiroides se encuentran nervios importantes que controlan el movimiento de las cuerdas vocales. La identificación anatómica y la preservación de estos nervios es uno de los principios quirúrgicos fundamentales de la cirugía de tiroides.
La monitorización nerviosa es una tecnología que ayuda a evaluar la función del nervio durante la operación.
La monitorización nerviosa no sustituye la disección anatómica realizada por el cirujano; es un método complementario que proporciona información funcional adicional durante la cirugía.
Después de la cirugía de tiroides, algunos pacientes pueden presentar cambios temporales en la voz. Si se afectan los nervios que mueven las cuerdas vocales, pueden aparecer problemas de voz más marcados.
Que el cambio de voz sea temporal o permanente depende de las características de la operación y del estado del nervio. Si tras la cirugía persiste una ronquera notable, deben realizarse las evaluaciones necesarias.
Detrás de la glándula tiroides se encuentran unas pequeñas glándulas llamadas paratiroides, que desempeñan un papel importante en el equilibrio del calcio del organismo.
Especialmente tras una tiroidectomía total, el nivel de calcio en sangre puede descender debido a la afectación temporal de las paratiroides. En este caso pueden aparecer síntomas como hormigueo o adormecimiento alrededor de la boca o en los dedos.
En los pacientes que lo necesiten, puede administrarse suplementación con calcio y vitamina D.
La duración del ingreso hospitalario tras la cirugía de tiroides puede variar según la extensión de la operación y el estado clínico del paciente.
En el período postoperatorio inicial pueden aparecer molestias leves en el cuello, sensación de incomodidad en la garganta o sensibilidad al tragar. Los pacientes pueden reincorporarse gradualmente a sus actividades diarias.
En los pacientes sometidos a tiroidectomía total es necesario un tratamiento hormonal sustitutivo para reemplazar la hormona tiroidea. En los pacientes operados por cáncer de tiroides, según el resultado de la anatomía patológica, puede planificarse un tratamiento y seguimiento adicionales.
En la cirugía clásica de tiroides se realiza una incisión horizontal en la parte anterior-inferior del cuello.
La incisión se planifica, en la medida de lo posible, siguiendo las líneas naturales de la piel del cuello. El aspecto de la cicatriz con el tiempo puede variar según las características de cicatrización de cada persona.
No todos los pacientes con un nódulo tiroideo o bocio necesitan cirugía.
En la decisión de tratamiento se valoran conjuntamente:
La ecografía de tiroides,
Los análisis hormonales,
La biopsia de tiroides, cuando sea necesaria,
El resultado de Bethesda de la biopsia,
El tamaño y las características del nódulo,
Los síntomas de compresión,
La edad y las características clínicas del paciente.
El objetivo no es solo tratar la enfermedad, sino también evitar cirugías tiroideas innecesarias, identificando correctamente a los pacientes que sí las requieren.
No. La mayoría de los nódulos tiroideos son benignos. Para valorar el riesgo de cáncer se utilizan la ecografía y, cuando es necesario, la biopsia con aguja fina.
La decisión de operar no se basa únicamente en el tamaño del nódulo. Se valoran conjuntamente las características ecográficas, el resultado de la biopsia, el crecimiento, los síntomas de compresión y las características clínicas del paciente.
El tratamiento se planifica según el tipo, el tamaño y la extensión del cáncer. En los pacientes adecuados puede aplicarse la cirugía de tiroides.
No siempre. En algunos pacientes es suficiente la lobectomía, mientras que en determinadas enfermedades puede ser necesaria la tiroidectomía total.
Si se ha extirpado toda la glándula tiroides, es necesario un tratamiento hormonal para reemplazar la hormona tiroidea. Tras una lobectomía, no todos los pacientes necesitan tratamiento hormonal.
Pueden aparecer cambios temporales en la voz. La afectación de los nervios que mueven las cuerdas vocales es uno de los riesgos importantes de la cirugía de tiroides.
Especialmente tras una tiroidectomía total puede producirse un descenso temporal del calcio. Los problemas permanentes son más raros.
Depende del tipo de cáncer de tiroides y de la fase de la enfermedad. En particular, en los carcinomas de tiroides diferenciados, que son los más frecuentes, con el tratamiento adecuado pueden obtenerse buenos resultados en una parte importante de los pacientes.
